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¿Será posible la hibernación de humanos en un futuro cercano?

Una salamandra de la Siberia rusa es la clave para avanzar en el congelamiento y vuelta a la vida del tejido cerebral.

El doctor en química Ignacio Rintoul destacó que científicos alemanes avanzaron en el congelamiento de tejido cerebral de ratones y tras su posterior descongelamiento se pudo registrar actividad neuronal: los investigadores detectaron señales de aprendizaje en las sinapsis, un resultado que hace apenas unas décadas habría parecido imposible.

En su semanal columna, CienciAbierta, en el programa Entrando en Órbita, Rintoul señaló que la clave para todo esto es una salamadra siberiana, que puede sobrevivir durante décadas enterrada en el permafrost a temperaturas de hasta 50 grados bajo cero. 

Su secreto está en el hígado, capaz de producir alcohol glicerínico, una especie de anticongelante biológico que evita que el frío destruya sus células. Ese mecanismo natural lleva años inspirando a los científicos que sueñan con aplicar algo parecido al tejido más delicado del cuerpo humano: el cerebro.

El problema de congelar un cerebro no es el frío en sí, sino lo que ocurre cuando el agua del tejido se solidifica. Al congelarse, el agua aumenta de volumen y forma cristales que pueden deformar o desgarrar la delicada estructura microscópica del cerebro. 

Y esa fragilidad tiene una razón: el cerebro funciona gracias a una organización microscópica extraordinariamente compleja. No se trata simplemente de células individuales, sino de una red de conexiones y sinapsis cuya integridad es indispensable para que la actividad neuronal pueda reanudarse.

No te pierdas el contenido completo del micro CienciAbierta, del doctor Ignacio Rintoul, en radio Halley: