La música del mundo en una sola frecuencia

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De cómo la selfie terminó con el esplendor del reloj, fue el tema de análisis de Casimiro

Tiempo, tiempo es lo que falta, el tiempo es el que corre y no se detiene, y el reloj pulsera reinaba hace años atrás en ese tiempo. Recibir un reloj de adolescente marcaba un tiempo, cambiar por uno de marca también tenía una significación, que hoy parece pasado de moda.

Casimiro González fue impiadoso con el paso del tiempo y arremetió con todo contra los placeres modernos.

“La primera vez que me regalaron un reloj yo sentí que ya era grande,
porque mis padres confiaban que lo iba a cuidar”, se animó a confesar Casimiro, sin poder evitar que se le piante un lagrimón.

En su columna de los viernes, en el programa Entrando en Órbita, nuestro querido filósofo urbano tuvo tiempo para recordar a los viejos despertadores, con dos campanas y un martillo en el medio, que alteraban el sueño de más de un vecino.

Hasta que llegó el celular…

Y ahí Casimiro, sin negar los avances de la tecnología, fue impiadoso con los usos alternativos a un elemento tan sencillo como un teléfono celular.

No te pierdas aquí la columna de Casimiro González, la alegría del fin de semana: