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Pink Floyd relanza “Meddle” en formato vinilo

En 1971 tras la traumática salida de su líder fundacional, Syd Barrett, el cuarteto británico pasó tres años flotando en un mar de experimentos caóticos, bandas sonoras subestimadas y discos divisivos como “Atom Heart Mother”. La banda llenaba estadios, pero carecía de una identidad musical clara. Todo eso cambió el 30 de octubre de ese año con el lanzamiento de “Meddle”, el sexto álbum de estudio que sentó las bases operativas de lo que hoy conocemos como el sonido definitivo de Pink Floyd

A diferencia de otras obras que llegarían después, fuertemente dictadas por la narrativa de Roger Waters, “Meddle” brilla como el último gran esfuerzo verdaderamente democrático del grupo. David Gilmour, Nick Mason, Richard Wright y el propio Waters se encerraron en los estudios Abbey Road y Air con una consigna audaz: experimentar sin estructuras previas, registrando pequeñas ideas musicales —bautizadas inicialmente como “Nothing” (Nada), “Son of Nothing” y “Return of the Son of Nothing”— hasta encontrar un hilo conductor. 

La portada del álbum, diseñada por el legendario colectivo Hipgnosis, terminó de coronar la propuesta artística. Aunque a simple vista parece una mancha abstracta, una mirada atenta revela una oreja humana bajo el agua, captando ondas sonoras. Una metáfora perfecta para un álbum que exigía, por sobre todas las cosas, aprender a escuchar de nuevo. 

A más de cincuenta años de su publicación ya no es visto como un disco de transición, sino como el verdadero Pink Floyd moderno. Fue el trabajo que les demostró a cuatro músicos huérfanos de su guía original que el espacio exterior no estaba en el cosmos, sino en la química que lograban cuando tocaban juntos en una habitación oscura.