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Sony Music le declara la guerra a la Inteligencia Artificial: exige la baja de 260.000 canciones piratas y presiona por una ley global

En lo que ya se consolida como la mayor ofensiva legal y tecnológica en la historia de la industria discográfica, Sony Music Entertainment ha lanzado una campaña masiva para frenar el avance de la Inteligencia Artificial (IA) generativa, exigiendo a las principales plataformas de streaming la retirada inmediata de más de 260.000 canciones. Estas pistas, creadas mediante algoritmos, imitan y reproducen de forma sintética las voces, el estilo y la identidad visual de los artistas más importantes de su catálogo sin ningún tipo de autorización ni compensación económica. El fenómeno ha escalado a un ritmo alarmante para los ejecutivos de la música.

Según datos internos de la compañía, las solicitudes de baja por infracción de derechos de autor se han duplicado de forma acelerada en el último año. El balance de la corporación refleja que el ritmo de detección roza actualmente las 20.000 nuevas canciones mensuales generadas ilegalmente, afectando la identidad digital de estrellas contemporáneas como Harry Styles, Adele y Britney Spears, así como de leyendas de Michael Jackson y la banda Queen.

Para entender la raíz del conflicto, el problema no radica únicamente en la distribución de la música, sino en cómo se entrena a los modelos de IA. Compañías tecnológicas y usuarios particulares alimentan de forma constante a los algoritmos con millones de canciones protegidas por derechos de autor. El software “aprende” las frecuencias y matices de una voz específica y luego es capaz de interpretar temas completamente nuevos, creando los denominados deepfakes de audio.

Desde la perspectiva legal clásica, las leyes de propiedad intelectual protegen las composiciones y las grabaciones, pero la voz humana en sí misma se encuentra en un gris legal dentro de los códigos civiles de la mayoría de los países. Al no existir una regulación clara, las plataformas de streaming se han inundado de miles de canciones generadas por algoritmos que desvían las regalías económicas y la atención del público de los creadores reales.

Ante este escenario, Sony Music ha estructurado una estrategia que combina la ofensiva tecnológica, los negocios corporativos y la presión política:

Primero envió notificaciones formales a más de 700 empresas de tecnología advirtiendo que prohíbe explícitamente el uso de sus archivos musicales para entrenar sistemas de IA sin contratos de licenciamiento comercial previos.

Luego la cúpula de Sony lidera el lobby en el Senado estadounidense para la aprobación urgente del proyecto de ley NO FAKES. Este marco legal busca crear un derecho federal que empodere a cada ciudadano (y a los herederos de su patrimonio) a autorizar o prohibir de forma exclusiva la producción de réplicas digitales de su propia voz e imagen.

Y luego Sony aclaró que no busca prohibir la tecnología, sino regularla. De hecho, la empresa cerró una alianza estratégica de licenciamiento con la startup tecnológica KLAY para el desarrollo de herramientas de música sintética éticas, donde los artistas sí cobren regalías si su voz es utilizada de forma legal.

De forma paralela a esta batalla contra los algoritmos, Sony Music continúa robusteciendo su valor de mercado para no perder terreno en la era digital. En una millonaria operación conjunta junto al fondo de inversión Blackstone, la compañía concretó la absorción de Recognition Music Group. Mediante este movimiento, Sony tomó el control del catálogo de derechos musicales de más de 45.000 canciones, bajo su propiedad intelectual las composiciones de figuras globales de la envergadura de Beyoncé, Shakira, Lady Gaga, Red Hot Chili Peppers y Bon Jovi.

Con más de un cuarto de millón de canciones ya retiradas del mercado digital, la drástica medida de Sony marca un punto de inclusión. La industria discográfica ha dejado en claro que la Inteligencia Artificial deberá pasar por los departamentos legales y financieros antes de poder replicar el talento humano en las plataformas de reproducción.