Este domingo se juega la final de la Copa Mundial de Fútbol y por segunda vez consecutiva la protagoniza “nuestra selección”, la selección argentina que enfrentará a la española y nuestro filósofo urbano está emocionado después de casi un mes de festejos.
En su esperada y habitual columna de los viernes (una buena parte de los oyentes detiene sus actividades para escucharla) reflexionó sobre las alegrías que nos dan un grupo de pibes, que con nuestra bandera al hombro, se la pasan remontando barriletes de ilusiones cada vez que los dan por caídos.
No podía ser de otra manera y Casimiro asumió la represetación de todos, no sin razón, al señalar que nosotros desde acá hacemos nuestro humilde aporte, cumpliendo todas las cábalas. Las infames, las retorcidas, tontas, profundas, ingenuas, todo lo necesario para sentirnos protagonistas de un remate que pega en el palo y depende de nosotros (a más de 8000 km. de distancia) para dónde rebota. Nos sentimos parte de un partido donde no nos ponen.
Al fin y al cabo, reflexiona Casimiro es una alegría dentro de tantas pálidas con la que nos apabullan diariamente: la violencia urbana, la inflación, la corrupción, por citar algunos.
Hoy pedimos una alegría más, se ilusionó, a ese que lleva el 10 en la espalda; a ese al que lo que habría que pedirle perdón por tantas barbaridades dichas en su contra, a ese que desde hace un tiempo decidió no soportar más las provocaciones y llevarnos al lugar donde estamos.
No te pierdas la reflexión del viernes de Casimiro González, el filósofo urbano, en radio Halley:























