El rock argentino se encuentra de luto tras confirmarse el fallecimiento de Saúl Blanch, uno de los cantantes más icónicos y pioneros del hard rock y el heavy metal local, quien murió a los 75 años en la ciudad de Buenos Aires. El emblemático vocalista falleció hoy luego de sufrir complicaciones de salud que lo mantuvieron internado en terapia intensiva durante varias semanas, según informó inicialmente el periodista especializado César Fuentes Rodríguez. Blanch dejó una marca indeleble en la música argentina gracias a una voz potente y un estilo agudo inconfundible que definió la identidad de los géneros pesados en el país durante las décadas de los 70 y 80.
Nacido en Buenos Aires el 8 de septiembre de 1951, comenzó a construir su reputación a mediados de los 70 al frente de Plus, una de las bandas fundacionales del rock duro criollo, con la cual grabó tres álbumes fundamentales: No pisar el infinito (1976), Plus (1978) y Escuela de rock ‘n’ roll (1981). Su nombre, sin embargo, quedó grabado en la historia masiva cuando Walter Giardino y los integrantes de Rata Blanca lo convocaron para ponerle voz a su disco debut homónimo en 1988. Aunque Blanch ya había decidido alejarse del grupo por diferencias previas, aceptó grabar las canciones para cumplir con el compromiso ante la falta de un reemplazo adecuado, inmortalizando himnos eternos como “Chico callejero”, “El sueño de la gitana”, “Rompe el hechizo” y “Solo para amarte”, cuya letra era de su autoría. Tras su salida definitiva y el posterior ingreso de Adrián Barilari, Blanch continuó de manera independiente con su carrera solista, editando los trabajos Fiel a sus fieles (1990) y Refugiado (2006).
El artista tuvo su merecido reconocimiento en vida en 2013 al reencontrarse en el escenario con sus antiguos compañeros para celebrar el 25° aniversario de la banda, y más recientemente se había anunciado su participación como invitado especial para una serie de shows en el Teatro Flores programados para marzo de 2026. Su partida generó sentidas muestras de dolor en el ambiente musical, incluyendo despedidas de colegas como el propio Barilari y el tecladista Danilo Moschen. A pedido de sus seres queridos, no se realizó velatorio y se mantuvo la intimidad familiar bajo la premisa que transmitió su círculo íntimo: “Se fue como quiso. Todo rock. Copa en alto y brindis por la partida de un grande mientras suena su legado musical”.























